DEJA AQUÍ TU PETICIÓN DE ORACIÓN DE FORMA ANÓNIMA, Y ESTAREMOS ROGANDO E INTERCEDIENDO A DIOS POR TU CAUSA.

DIOS TE BENDIGA.

“Dios escucha las oraciones de Su pueblo. Por eso considera como un grave pecado cuando nadie intercede en medio del peligro: ‘Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor’” (Ez. 22:30-31). Nadie intercedió, y por eso el castigo no sería retenido.

Dios espera que Su pueblo ore, que Sus hijos intercedan delante de Él. Esas intercesiones forman parte de Su plan soberano: son el medio diseñado por Dios mismo para que las cosas pasen. Es por eso que Santiago dice en su carta: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Stg. 4:2).

“Pedid y se os dará –dice el Señor– porque todo aquel que pide recibe” (Mt. 7:7-8). Algo de razón tenía el poeta que definió la oración como…

cuerda que liga las divinas manos,

música de admirable punto y letra,

que al mismo Dios el corazón penetra.

Cuando el creyente ora, su clamor penetra en el corazón mismo de Dios, porque Él ha decretado obrar en el contexto de las oraciones de Su pueblo. Como bien señala Don Carson:

“La auténtica y maravillosa verdad es que los seres humanos como Moisés, usted y yo, podemos participar en los propósitos de Dios a través de los medios que Él dispone… “Este Dios se nos presenta como personal, de forma que podemos orar a Él, discutir con Él, presentarle razones, interceder ante Él. Pero también es soberano, el tipo de Dios que obra en nosotros – ¡y en nuestras oraciones! – ‘así el querer como el hacer, por Su buena voluntad’ (Fil. 2:13). Su carácter soberano no rebaja su carácter personal; el hecho de que sea una persona no disminuye su soberanía. Nunca es nada menos que soberano y personal”.

Nuestro Dios es soberano, pero también es personal. Él en Su soberanía ha decretado que cosas pasen cuando Su pueblo ora. Cuando Su pueblo no ora, esas cosas no pasan, y entonces debemos concluir que, por una razón solo conocida por Dios, era parte del decreto que no ocurriera. Para ponerlo más sencillo aún: cuando Dios decreta que algo ocurra, Él también decreta las causas que deben suceder para que eso ocurra. Todo lo que pasa en el mundo tiene una causa, y tanto el hecho como la causa forman parte del decreto de Dios. John Piper lo explica de este modo: “Si Dios predestinó que yo muriera por una herida de bala, entonces yo no moriré si la bala no es disparada. Si Dios predestinó que yo fuera sanado por una cirugía, entonces, si no hay cirugía, no seré sanado”.

Es como en el caso del sol, dice Piper. Ya que Dios predestinó que el sol brillara, también predestinó que fuera una bola de fuego inextinguible. Si se extinguiera el fuego ya no habría brillo porque Dios decretó que el brillo del sol emanara del fuego. “Pues así pienso yo acerca de las respuestas a las oraciones. Ellas son el brillo y la oración es el fuego. Dios ha establecido el universo de tal manera que en gran medida este se mueve por la oración, de la misma manera que ha establecido la brillantez para que en gran medida ocurra por medio del fuego”.

Oremos, entonces; no nos detengamos de interceder ante el trono, que el Dios de gloria cumplirá Su promesa, sin importar los aspectos del misterio que nosotros no podemos comprender por el momento.

“Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea cumplido”, Juan 16:24.

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